Judith
y Holofernes
Es
de noche, un campamento, una celebración, y un momento trágico son
perfectamente representados al óleo por Caravaggio, quien utiliza un manejo de
las luces que resaltan las partes más significativas mientras que lo demás
permanece en penumbra, un foco de luz
que dará ese realismo tan crudo, —estilo llamado tenebrismo—, con el que Caravaggio ganó fama.
En
la parte superior izquierda, se encuentra una tela de un color rojo cálido que
bien podría ser cadmio, ésta cae naturalmente y, conforme desciende, va
perdiéndose en la obscuridad del fondo. Con este elemento, Caravaggio compensa
el peso que hay en la parte inferior derecha, donde se proyecta un poco de luz,
que, al parecer, proviene de una intensa llama fuera del cuadro que ilumina
aquella tienda, lo que logra resaltar aún más la escena.
Al
terminar la tela, por el lado derecho, se encuentra una joven rubia de tez
clara y de estatura alta. Si trazáramos líneas para dividir en cuatro el
cuadro, la primera línea horizontal y la primera línea vertical derecha
cruzarían en la cara de esta mujer, evidenciando aún más su protagonismo.
Es
la bella Judith, proveniente del pueblo de Judea, quien se vistió con sus
mejores prendas esa noche con la intención de agradarle al hombre que se
encuentra a la izquierda. Trae consigo unos pendientes que consisten en un moño
negro y una piedra blanca en forma de lágrima,. Si bien, estos artes podrían
parecer parte de una decoración en sus orejas,lo cierto es que reflejan ese
sentimiento de pérdida y luto por el que tuvo que pasar Judith. Su su cabello,
rizado y dorado como el Sol, muestra una línea que señala que para su peinado,
fue necesario dividirlo en dos partes, y de éste, se sueltan ligeros rizos
juguetones que adornan su rostro, los cuales que apenas llegan a la parte
superior de la oreja.
Porta
también una blusa blanca, que debido a la luz y a las transparencias de la
tela, llega a tornarse amarillenta, con las mangas arriba de los codos y
llevadas hacia atrás para dejar libres las manos, ésta se amolda a su abdomen
con apenas algunos hilachos negros, mientras que unos tirantes, los cuales se
desprenden de su falda larga que es de color ocre muy tenue, tan brillante como
el oro en la tela, con un estampado de hojas un par de tonos más claros que el
resto y con dos franjas negras, que se deforman de acuerdo a la posición en la
que ella se encuentra denotando el movimiento de la joven, se ajustan a sus
hombros, al mismo tiempo que amoldan su delicada cintura y hacen que luzca un
escote atrevido, pero que evidencía el estrés y la presión a los que está
sometida.
El
rostro de la joven, aunque carpe diem, no es
seductor. Judith tiene el ceño fruncido y la parte superior de su cuerpo se
inclina ligeramente hacia atrás, como con intenciones de retroceder; sus manos,
en vez de parecer las de una delicada joven, se tensan en una tremenda fuerza
que nos hace querer mirar al final de ellas para encontrar la razón de su ceño
fruncido. Su mano derecha sujeta desmesuradamente un objeto afilado con el que
pondrá fin a una vida, mientras que su mano izquierda toma con enjundia los
cabellos de aquel hombre en el que descarga su odio: Holofernes.
Se
podría pensar que la única prenda que trae consigo aquel hombre —general de un
numeroso ejército, conquistador de grandes poblados, conocido por el nombre de
Holofernes-— es ese sutil trozo de tela color verde olivo, el cual deja ver su
torso desnudo, yacido así porque aquella noche había caído en las provocaciones
de Judith. Ella le hizo pensar que se deleitaría con su belleza y sería propietario
de su amor, pero pronto ese pequeño error lo llevaría a conocer su suerte, sin
oportunidad de poder alterar su destino. Ecce homo en
un contraposto con posición escorzada muestra el intento fallido de tratar de
ponerse de pie. El tanteo es perceptible por su mano derecha, la cual se
encuentra sobre el manto verde, que, aunque ha dejado de tener la presión de un
hombre fuerte, deja percibir las intenciones de luchar por un último aliento.
Aquel
rostro de tez medianamente clara, con ligeros toques de verde, acompañado por
una barba rizada, corta y color castaño claro, muestra un gesto de sorpresa por
el atrevimiento de la joven que entierra una espada en su cuello, de éste brota
sangre de una forma bizarra, cual chorros de agua naranjosos y disparados de su
cuello en casi una línea recta en méltiples direcciones. Para después
escurrirse por la blanca sábana, testigo del sufrimiento final de aquel hombre,
es sujeta por su mano izquierda cual garra de un feroz depredador a su presa,
intentando ahogar el dolor en ella, transmitiendo el sentimiento de miedo,
angustia y desesperación ante los acontecimientos.
Como
defensora de su pueblo, Judith tiene una expresión de calma mezclada con
extrañeza. Dio la cara por Israel, aprovechó su bellezay conquistó al general
invasor Holofernes; ese hombre que yace en la cama acostado soltando un gesto
de dolor insoportable, un dolor de coraje y desamor, como cualquier hombre
cuando es traicionado con un puñal enterrado en el corazón, o, en este caso, en
su cuello. Engañado y seducido, Holofernes fue embriagado y asesinado por la
bella Judith, la cual cortó su cabeza para erguirla ante el ejército invasor y
hacerlos retroceder.
Presenciando
toda esta escena, del lado derecho, se encuentra una anciana, quien es la
criada de Judith. Porta en la cabeza un pañuelo de un color blanco que se va
tornando en un color marrón, llegando a perderse en el negro de las sombras. Su
atuendo, que en contraste con el de Judith se ve opaco y desgastado, consiste
en lo que parece ser una túnica blanca, casi obteniendo un tono grisáceo por la
obscuridad del lugar o por una tela percudida. La anciana sostiene un pedazo de
tela en color ocre que pertenece también a sus vestimentas, es del mismo color
que sus mangas; parece sostenerla con fuerza, con ansias, esperando el momento
para poder realizar alguna acción con ella. Por lo que se logra ver, su
fidelidad hacia Judith es inquebrantable, pues se suma a este acto sádico sin
verse en su rostro un poco de culpa y espera el final de aquel acto que observa
atentamente.
Entonces
podemos entender que el motivo por el que aparece la anciana en la pintura es
porque se encuentra a la espera de que la cabeza de Holofernes sea separada de
su cuerpo, para después tomarla y depositarla en la tela que sostiene entre sus
manos como un trofeo y una prueba de lo fuerte que puede ser una mujer y la
debilidad que puede tener un hombre ante ella.
Es
así como Caravaggio nos remonta a aquella escalofriante escena, donde Judith,, una
mujer hermosa, defensora de su pueblo y sus creencias, astutamente sedujo al
general asirio Holofernes para evitar que éste tomara y sometiera a su pueblo
en nombre del rey Nabucodonosor.

Me gusta, aunque luciría más que fragmentaran la imagen para marcar detalles. Los aretes, los rostros, los detalles de la ropa.
ResponderEliminarLos pondríamos al final del texto?
EliminarMe gusta, aunque luciría más que fragmentaran la imagen para marcar detalles. Los aretes, los rostros, los detalles de la ropa.
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